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Encuentra Ibros en el “cocido con relleno” el plato señero de su cocina tradicional, vianda festiva que se ha venido tomando, y aún se toma, en el almuerzo familiar de la fiesta de la patrona Nuestra Señora de los Remedios. Este relleno suele hacerse con carne de cordero, con trozos de jamón, huevos batidos (siete por cada kilo de carne) y especias molidas en el mortero como la canela, la pimienta y los clavos de olor, a los cuales se les unirán el azafrán y la alcaravea, embutido todo en una tripa de ternera, y que se dejaba cocer en el caldo de un cocido tradicional hecho a base de garbanzos, un hueso de jamón y las partes menos lustrosas del pollo que por esa fecha se mataba en cada casa, como son el pescuezo y las alas. El relleno formaba el último plato del menú festivo, siendo el primero la llamada “sopa hervida”, preparada con la sangre y los menudillos fritos del pollo, un poco de ajo y perejil, y unas rebanadas de pan tierno que le daban consistencia. Ha sido costumbre preparar este guiso, compuesto de varios platos, a hora bien temprana, para de ese modo poder ir al medio día a oír misa y acompañar a la Virgen en la procesión, encontrándose así con la comida ya hecha al regreso de las celebraciones religiosas. Pero no ha de parar ahí el almuerzo festivo con el que los ibreños festejan a su patrona, pues para postre han de preparar las llamadas “natas”, delicioso postre que lleva en su composición por cada vaso de leche, una cucharada de almidón de trigo, seis cucharadas de azúcar, la yema de un huevo batida, y todo cuajado al baño María.

Propios de Semana Santa, siguiendo la tradición común en muchos lugares de la provincia, son el “bacalao con tomate” y el “encebollao de bacalao”, junto a dulces propios de los días de La Pasión como los ”buñuelos de viento” y las “flores de gacha de harina” fritas en molde de hierro.

Plato antiguo en Ibros son los llamados “guiñapos”, réplica de lo que en otros sitios son los “andrajos” o “harapos”, que no son otra cosa que tiras muy delgadas de masa de harina que se dejan cocer en el caldo de un sofrito de pimiento, tomate y cebolla y carne de liebre, pero que en lbros también se hacen con bacalao y con patatas, plato de mesas humildes que ha quedado como reliquia gastronómica de probar una vez al año.

Para primavera, cuando las huertas comienzan a dar sus frutos, se prepara el “arroz caldoso”, que además de los trozos de la consiguiente carne magra, lleva alcachofas partidas, espárragos y habas frescas, que le dan un peculiar sabor.

Dulce propio de Ibros son sus “empanadillas rellenas de cabello de ángel”, y el “cuajao”, que también lo lleva pero en compañía de almendras, sin olvidar lo que en otros tiempos fueron las muy típicas “tortas dormidas”, que se preparaban para la fiesta de la Virgen de los Remedios, y que en Semana Santa componían un manjar de la chiquillería cuando se las acompañaba de una onza de chocolate.

Para la festividad de los Todos los Santos se habrán de preparar las “gachas dulces” con tostones, con cuya masa sobrante los más jóvenes taparán las cerraduras del vecindario, en acción jocosa que traspasa la mera broma para entrar en un ancestral rito supersticioso con el que se protegía los hogares del maleficio de las almas en pena.

Aún se puede tomar en los bares de Ibros una “paloma”, antigua bebida usada por los hombres para “matar el gusanillo” mañanero, consistente en anís disuelto en agua, con limón y azúcar.

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